Que contradictoria es la vida, te da cosas negativas y positivas al unísono. Te quita y te da cosas que no te esperas, algunas impensable, otras, demasiado tempranas y te avoca a un remolino de emociones y sentimientos inmersos en ese oleaje convulso y a menudo duradero.
Durante estos últimos años me pregunto: ¿Cómo conjugar la perdida con la obtención o regalos experienciales y profesionales?
Claro está que nada puede suplir las pérdidas de seres queridos, más cuando éstas se suceden de forma consecutiva y en un relativo periodo de tiempo corto. Y si a eso le sumas una pandemia mundial, que te restringe y oprime… se convierte en un coctel invasivo que no sabes cómo digerir.
Sin tiempo a procesar el duelo por la persona más importante para ti: tu abuela, madre y amiga, justo a los 2 años, pierdes en 4 días a tu padre, el que estuvo sin estar, pero a la vez sabías que, a su manera, te quería. Dos meses después los acompaña tu tía-abuela más allegada y ahora, un año después parte otro ángel de tu niñez y sin poderte despedir de los últimos 3, empiezas a pensar que debe haber algo más allá. Para rematar descubres que tu progenitora, de la que no sabes nada de ella desde hace 38 años ni se ha interesado por ti, también murió hace 10 años, el mismo día y mes de tu cumpleaños. Lo cual me hace preguntarme: ¿Existirá el carma?
Quizás esas energías de las que estamos compuestos, no se extingan y de alguna manera permanezcan con nosotros y nos empujen a seguir.
Porque sumergida en ese estado de duelo prolongado, iba consiguiendo y me iban sucediendo cosas impensables y maravillosas: presentarme y ganar unas elecciones, dar ponencias y formaciones, convertirme en profesora universitaria dando clases virtuales en dos universidades y ya, para rematar, acabar el año dando clases presenciales en otra universidad, sustituyendo a uno de los profesionales que más admiro y que más me ha apoyado. Hecho que hasta ahora me parecía imposible por mi discapacidad. Aún, a día de hoy y habiendo finalizado las clases, no me lo creo. Dar clases ha sido un sueño evolutivo hecho realidad.
De ahí mi pensamiento de que aquellos que se van, siguen con nosotros. En mi caso, creo que me ponen ángeles en el camino. A más de mi ángel principal que es la que me sigue dando vida y sin ella no sería nada, me siento privilegiada por las personas que me rodean, que están a mi lado. Quizás las pueda contar con una mano, pero son las que me dan el aliento para no decaer y creer que los momentos de felicidad existen.
Por ello, en el remolino de emociones y sentimientos antagónicos, debe también influir y sublevar las energías positivas de esos seres tan queridos que, aunque ya no pueda ver, noto que siguen ahí. Puesto que nunca dejan que mis fuerzas desfallezcan. Quizás estas líneas transmitan un cariz de pensamiento místico, pero en realidad sólo creo en lo que veo y siento.
Me dejo llevar por ese sentir percibido, que me guía como luces que van iluminando el camino que debo seguir. A veces llano, otras con socavones, pero siempre con aprendizajes de los cuales enriquecerme.
Ahora que se acaba el año, sólo puedo tener palabras de agradecimiento: para los que me ayudan, me apoyan, me dan oportunidades y confían en mí. Personas y entidades que me han ofrecido oportunidades para poder trabajar, desarrollarme como profesional y colaborando a hacer realidad mis sueños. Apoyos esenciales que algunos me voy encontrando por el camino y otros hace tiempo que me acompañan en este sendero de la vida. A éstos, un agradecimiento especial por seguir aguantándome y seguir cerca.
Pero, sobre todo, gracias a ti, tía-mami, por darme vida, por sacrificar la tuya por mí y por apoyarme en todas mis locuras.
Gracias 2021 por darnos a las 2 salud y hacerme ver que soy afortunada.

