Soledad emperazadora

Por la noche, recostada en mi cama, se inicia una afluencia de pensamientos que flotan en el silencio de la oscuridad. Oscuridad rota, en ciertos momentos, por algún rayo de luz proveniente de otra vivienda frente a la mía.
En ese silencio oscuro y sepulcral, quisiera poseer una pluma o un simple lápiz para plasmar en una página en blanco, las olas de pensamientos que fluyen por mi mente. En ese momento no me encuentro totalmente sola, sino que me viene a hacer compañía mi inseparable amiga la soledad. Clara y trasparente, me ayuda a reflexionar sobre los hechos acontecidos durante el día, donde sentimientos, emociones, alegrías y frustraciones se mezclan ayudadas por el espíritu de lucha adyacente durante el día.
Quizás, la venda que me tapa mi mente durante el día, se compone de dos amigas como son la fuerza y la lucha. Lucha por conseguir aquello que me propongo y fuerza para no caer en mi enemiga la debilidad. Debilidad presente en demasiadas ocasiones, que me hace dudar ante las metas propuestas pero esta debilidad se hace más evidente en presencia de la soledad, donde inmigran los temores ante la reflexión del bien y del mal, o de lo correcto o incorrecto de mis decisiones, acciones y comportamientos.
Sé que nadie es perfecto, pero quién no se ha planteado alguna vez si hace lo correcto o lo adecuado? y si aquello que haces te producirá algún fin o tan sólo enriquecerá los conocimientos?
Aunque me contradigo en esa última frase, es evidente el binomio expuesto. Dado que cuando se realiza una actividad que requiere un cierto esfuerzo, normalmente se espera una recompensa, no a nivel material sino en la construcción de un futuro. Es ahí donde permanecen mis dudas, mis inquietudes y mi angustia. Quién no se ha planteado si le servirá la formación para encontrar un buen trabajo? pero esa pregunta se agudiza ante una discapacidad motriz severa.
También surgen otros pensamientos, como el porqué no puedo llevar una vida social normalizada. Es evidente que las necesidades asistenciales ponen tílde a ese hecho, pero no por ello, dejan de sumergirse en mi mente como una lucha contra la soledad. Que aunque ésta es buena compañera en algunas ocasiones, en otras te hace consciente de un vacío no deseado y que perturba el sueño.
Ante esta saturación de pensamientos y reflexiones en conflicto, tomo un sendero complaciente, en el cual me viene a ver un alma distante en el tiempo pero cercana en el sentimiento. Desconocida por mi entorno de manera real, pero mi media naranja S.F. desde hace tiempo. En él me refugio ante ilusiones y sueños que algún día se harán realidad.
Subida en esta nube de felicidad, acabo cayendo en un profundo sueño. Y aunque la soledad persiste en mi habitación, lucha contra la felicidad donde no hay obstáculos porque se los llevó la vitalidad, que me trajo la luz del nuevo día acompañado de una nueva amiga llamada esperanza.
Es cierto que, cada noche, me voy a dormir con una canción catalana llamada "vespre", pero me intento despertar con otra canción titulada "puede ser".

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