La verdad es que muy pocas veces se me hace corto el período vacacional, pero este año ha pasado volando, o por lo menos, no me he dado cuenta de la rapidez de lo vivido.
En parte, esta rapidez es debida a la posibilidad que me dieron de asistir como voluntaria a un Congreso de comunicación aumentativa y alternativa. Posteriormente, la ansiedad y las ganas porque llegara el día 9 de agosto, me hicieron vivir con ilusión los preparativos.
Aunque este año los intercambios ha sido más cortos, no dejan de ser unos de los días más felices del año, porque además de conocer nueva gente y aprender de ella, pasó 24 horas al lado de mi alma gemela. Persona diferente a mí, aparentemente, pero que guarda una intensa relación que nos une y nos hace sentir un solo ser.
Persona especial para mí, que me comprende, me escucha, me apoya… pero sobre todo, siento su cariño y que nunca dejará de estar a mi lado. Factor importante en la situación de una persona con discapacidad, ya que con las experiencias vividas, he podido comprobar que pocas veces se puede construir una amistad entre personas sin discapacidad y con discapacidad.
Estos días también me ha dado tiempo a reflexionar sobre este tema, y la verdad es que he hecho un autoanálisis de mis reacciones sobre la preocupación que me invade ante la falta de interacción social. Quizás el no poder forjar amistades de mi generación, me ha hecho decantarme hacia un grupo de profesionales que sólo me han querido mostrar su apoyo. Y yo, quizás, he insistido demasiado en compartir momentos con ellos, sin pensar que no somos de la misma generación y el entorno o la situación de cada uno es distinta. Por eso pienso que mi solicitud de tiempo en relación al ocio puede haber sido excesiva. sin pararme a pensar en la incomodidad de tener qué decir que no.
A veces, en ese sentido las personas con discapacidad podemos ser un tanto egoístas y no darnos cuenta que lo que perseguimos va más allá de lo que nos ofrece la sociedad. Vamos en busca de una normalidad social que no hayamos, por lo menos en el ámbito de la amistad, eso nos hace acogernos al primer rayo de sol que nos ilumina. Sin pensar que la insistencia y la reiteración pueden acabar cansando a esa humilde mano cercana pero distanciada. Esto puede llevar a que se aleje el rayo de sol y no lo poderlo conservar.
Todo ello, me ha llevado a intentar cambiar y no perseguir aquello que no tengo ni tampoco abusar de aquello que me ofrecen. Tan sólo disfrutar del camino con aquello que me encuentro en él, intentando diferenciar lo instantáneo de lo duradero, y sobretodo, del ámbito que procede.
Porque lo bonito está en el momento, indistintamente de donde proceda pero no confundiéndolo. Distinguiendo la amistad del aprecio o el cariño de la ayuda.
Saber diferenciar las interacciones de cada ámbito, nos ayudará a crecer en la vida, pero además, a no dañar o perjudicar a las personas que te brindan una mano.
En la vida hay muchas barreras pero sólo permanecen cuando uno mismo las ve.
También tenemos que aprender a disfrutar de lo que tenemos sin dejar de perseguir lo que queremos.
Un futuro a seguir hallaremos y muy felices seremos.
Respetando las decisiones de los demás, aunque siempre un consejo no está de más.
Yo la compañía del Sergio siempre espero llevar y otras relaciones conservar.
Mi propósito de cambiar pretendo llevar y así como persona mejorar.
Con unas cuantas rimas he querido acabar, esta reflexión para que no muy aburrida pueda sonar.
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