Creo que en una de mis últimas entradas de este blog realicé un paseo reflexivo de mi periplo en el máster universitario de Educación y TIC. Un viaje que parecía terminar con un sabor agridulce al toparme de nuevo con una enorme piedra al bajar de este tren formativo.
Una piedra que significaba tiempo perdido, esfuerzo en vano, pues me había aferrado a la última luz que iluminaba tenuemente una posible salida laboral, que era por la cual había cogido ese tren. Y justo en la parada de mi destino se apagó esa tímida luz, pues parecía que la esperanza de trabajar en la UOC se me escapaba de las manos, dado que para ello debía contar con un trabajo principal, que en mi caso no era posible.
Esa rocosa piedra me apagó el camino elegido, dejándome sin visibilidad el horizonte. Por unos meses me sentí rendida ante ella, notaba que era inmovible. Aquella piedra si que no la podía sortear ni superar. El resquicio de esperanza de una posible salida laboral parecía desvanecerse ante mí, y con ella, posiblemente mis ganas de superación.
Pero, por suerte, siempre hay profesionales que acuden a iluminarte de nuevo para poder continuar ese sendero deseado, creyendo en tus capacidades y dejando a un lado lo aparente. Esa luz vino como un regalo de graduación, justo después de tirar el gorro de graduada hacia el cielo. Fue como si al lanzar el gorro, se me cumpliera aquel deseo perdido.
Era un día de lluvia, como todos los días importantes de mi vida desde que mi estrella me cuida desde arriba. Un día que, en principio, no podía ir a la graduación por la débil salud de mi abuela-mami. Pero por suerte pude asistir gracias a dos ángeles que, como los buenos, sólo aparecen cuando se les necesita.
Una graduación para recordar, teniendo en mente en todo momento a mis nenas que, aunque no habían podido ir, las sentía conmigo y las hacíamos participes a través del whatsapp.
Y justo no me había desprendido de la emoción de tirar el gorro al aire, cuando me encontré con un profesional que había sido mi jefe cuando hacia de formadora virtual de forma voluntaria en el departamento de educación. Una persona a la que también le tengo que agradecer que me recomendara a una empresa en la que pude ejercer de formadora virtual de forma remunerada por primera vez hace unos años. Tal vez eso me animó a coger el tren del máster para especializarme en e-learning. Pero, curiosamente, ese día ni él sabia que me graduaba ni yo sabia que él era tutor de la UOC.
En ese momento, cuando el destino quiso que nos cruzáramos, me explicó que le estaba hablando de mí al director de su máster para que fuera una posible candidata para sustituir a una tutora, cuando justo me vio aparecer por el escenario a recoger mi diploma del máster de Educación y TIC. Casualidad que dio pie a que, instantes después, me presentara al director de su máster y concertáramos una entrevista de trabajo dos meses más tarde.
No me lo podía creer, me sentía en una nube asistiendo a un milagro con final feliz que no parecía mío. De repente se había iluminado de nuevo mi camino en el destino donde me había dejado ese último tren formativo.
Y digo milagro porque ya me había hecho a la idea que no tenía futuro laboral por mi discapacidad. De hecho, cuando llegué a casa y di la noticia, pensaban que era una broma. Aun hoy, un mes después de la esperada entrevista en la UOC, sigo en la nube creyendo que es un sueño.
Un sueño del que no deseo despertar, admirando y agradeciendo la acogida y flexibilidad de la UOC, del director del Máster Universitario de Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje y el resto de tutores. Aun no he iniciado el semestre como tutora y ya me hacen sentir como una más.
Siento que es el inicio de un nuevo viaje donde deseo disfrutar y seguir aprendiendo. Y todo gracias a la UOC, la universidad que me dio la llave para formarme sin barreras y ahora me da la mano para formar parte de ella como profesional.
Y es que los milagros existen y los ángeles también. Gracias a ellos y las oportunidades que me han dado el CEE Pont del Dragó y el COPC, siento que la discapacidad sólo es mi compañera inseparable de este gran viaje solitario que es la vida.
Gracias por poner el “si” a mis “no puedo”.
Como me dijo en su día la primera jefa de estudios que confió en mí, la cual aprecio y admiro: “La felicidad reside en las pequeñas cosas que te encuentras en el camino por llegar a la meta.”

Vanessa, la pena que em fa deixar de ser tutora de la UOC queda compensada i superada per la satisfacció de veure que el meu grup de tutorands tindrà una tutora com tu. M'ha encantat el teu post i estic encantada de que t'hagis incorporat al nostre equip!
ResponderEliminarVanessa, como siempre fenomenal, que bien expresas tus sentimientos poniéndoles ese color y calor que nos acerca a tus realidades. Felicidades y que tu nuevo viaje te llene de alegrías. Un abrazo
ResponderEliminarVanessa, es una historia muy emotiva y con final feliz! Eres un ejemplo a seguir y un orgullo compartir equipo contigo! Un saludo y muchas gracias!!
ResponderEliminarDídac Vidal