Ingenua de mi… Hace 12 años que realicé este escrito, convencida que faltaba poco para que cambiaran las cosas, para que la situación que relataba fuera tan pasado como la raza aria. Pero no, los avances sociales sólo han sido ironía política, el principio de un dulce que sólo ha servido para ganar votos.
¿Y ahora qué? Ante una crisis económica u otra guerra fría como la del 29, prevalece la jerarquía de prioridades. Haciendo todo lo posible por salvar a la banca, anteponiéndola a las necesidades humanas, protegiéndola con nuestros ahorros y saneándola con la reducción del estado del bienestar.
La ley de dependencia sólo ha sido un mero reflejo de esperanza colectiva, disfrazado políticamente para silenciarnos ante la corrupción de guante blanco que, una vez flota a la luz, desenmascara la verdadera identidad de un Estado que juega con nosotros a naipes, derrumbando lo establecido sin importarles a quién va dirigido.
Volvemos a antaño, donde por desgracia retoma significado reflexiones y pensamientos de mi adolescencia, en la cual la ingenuidad permitía divisar la esperanza de un mañana, dejando atrás los sinsabores de una historia de lucha ante el absolutismo.
Este artículo no pretende reflejar una vivencia personal, sino tan sólo plantear una reflexión sobre el trato de la sociedad ante la gente con algún tipo de discapacidad a lo largo de la historia; bajo el punto de vista de una ciudadana más con discapacidad. Como también relata y opina de otros ámbitos de la vida, como pueden ser: el racismo, el desempleo o la política.
En una gran ciudad como Barcelona, donde residen diversas clases humanas y de distinta condición. Allá donde la civilización se cree más avanzada y en cierta parte hace progresos industriales y sociales. Donde desde hace años estamos aceptando y consintiendo que los inmigrantes de otros países o continentes se integren en nuestra sociedad, con la excusa que les damos el trabajo que los españoles no queremos, al menos eso dicen ellos, tal vez ese no sea el verdadero motivo. Tal vez el culpable sea el gobierno, que por realizar dichos trabajos les pagan una miseria que nosotros no queremos rebajarnos a cobrar, y eso lo utilizan para dar la imagen que hay integración.
Sí, es una de muchas maneras de integración, pero se han parado a pensar ¿si dentro de nuestra misma sociedad actual tenemos una plena integración social o laboral? Creo que no, considero que quedamos una pequeña parte de esta sociedad que poco a poco vamos resurgiendo del escondite creado en años de dictadura, donde éramos una vergüenza para nuestro pueblo; esos somos las personas con discapacidad física y también psíquica. Aunque también tenemos que reconocer que últimamente la sociedad nos da una especie de oportunidad para salir por fin de ese escondite y que no seamos una vergüenza, porque en realidad nunca lo habríamos de haber sido. Con nuestras dificultades y nuestras limitaciones seguimos siendo personas con los mismos derechos que el resto de humanos.
Basándome en este concepto de igualdad e integración, ¿por qué cuesta tanto que la sociedad nos vea como un individuo más? Posiblemente porque son prisioneros ellos mismos de un prototipo humano creado socialmente en la etapa nacista, donde las personas tenían que ser de un determinado aspecto sino no tenían derecho a vivir.
No tan exagerado, pero si un poco injusto es a veces el concepto que se sigue creando en la actualidad de nosotros. Quizás y si me pongo en el lugar de una persona que no conoce las capacidades intelectuales de un discapacitado físico, puede pensar que no somos capaces de realizar un determinado trabajo o estudio; pero si al menos tuviera la delicadeza de informarse de las capacidades que podemos tener cada discapacitado, se daría cuenta que no somos bichos raros.
Actualmente el terreno laboral está difícil para todos, pero si encima se tiene una discapacidad física dicha dificultad adquiere mayor grado.
Por eso a las personas con discapacidad siempre nos cuesta más que a los demás acceder a un puesto de trabajo. Da igual el grado de discapacidad que padezcamos, ellos (la sociedad "normal") sólo se fijan que tenemos algún problema por pequeño que sea. Claro que yo misma me contradigo cuando opino que actualmente se intenta progresar a favor de nuestra integración. Por supuesto que hay más integración que antes y esperamos que cada vez haya más, pero todavía perdura esa injusta visión que tienen de nosotros; en contra de eso es por lo que tenemos que luchar.
Si nos fijamos la mayoría de las veces, para las autoridades, nuestra integración consiste en reducir barreras arquitectónicas y crearnos puestos de trabajo en fábricas industriales, que eso está muy bien, pero ¿por qué pocas veces nos ofrecen puestos laborales que se necesiten estudios? ¿es qué no nos ven capaces de realizar esos estudios? ¿o quizás nos dan pocas oportunidades de demostrar que podemos realizar esos estudios? y cuando se consiguen, con un poco de suerte, acabarlos, otra vez a demostrar que podemos ejercer en esa rama. Y si ha sido difícil acceder a los estudios imaginaos a un lugar de trabajo que, como he mencionado anteriormente, ya es complicado para la gente sin dificultades físicas, pues no digamos para nosotros.
Pero ¿y en el terreno personal? como no, al igual que en otros ámbitos de nuestra vida también tenemos que ir demostrando que podemos realizar las actividades diarias nosotros solos. Posiblemente tardemos más pero con esfuerzo y voluntad somos capaces de acceder a una cotidianidad estándar, sin necesidad de depender eternamente de terceras personas. Esa autonomía es en ocasiones difícil de comprender y aceptar por nuestros familiares, ya que nos invaden de proteccionismo y es como si tuviéramos que estar eternamente dentro de una botella de cristal para que nada ni nadie nos pueda dañar. ¿Qué podemos hacer al respecto? Nuevamente intentar demostrar, ahora ya a nuestra propia familia, que pese a nuestra discapacidad estamos mínimamente capacitados para crear o construir una vida sin necesidad de terceras personas.
Como hemos visto, en la mayoría de los casos nos pasamos nuestra vida demostrando a los demás, e incluso a nosotros mismos, lo que somos capaces de hacer y es simplemente lo que hacen el resto de mortales: estudiar, trabajar, salir, comprar, conversar, etc...
Yo dejo al vuelo esta pregunta: ¿tan diferentes somos de los demás?
Vanessa Fuentes
No hay comentarios:
Publicar un comentario