Algunas personas piensan que los sueños, simplemente, sueños son. Pero si vamos más allá, sin separar los sueños de la vigilia de los inconscientes, podemos hallar un nuevo mundo, el paraíso del deseo.
Un deseo a veces conscientemente inalcanzable, pero que no podemos prejuzgar al destino, puesto que muchas veces, lo inalcanzable se puede convertir en realidad. Una realidad próxima y palpable, que cuando estamos ante ella, frecuentemente, no recordamos que la habíamos soñado hace un tiempo. Como ya se ha hecho presente, no nos paramos a pensar que era uno de nuestros sueños, sino por el contrario, volvemos a perseguir más, a soñar un nuevo deseo que lograr.
Desde mi punto de vista, ese sinfín de sueños encadenados, nos impide disfrutar de un sueño permanente, como es el momento. Ese instante que estamos viviendo y que no somos conscientes que no se volverá a repetir.
Es verdad que nos gustaría hacer y conseguir muchos deseos, pero quizás, esta inquietud porque llegue aquello que deseamos, nos aparta de una felicidad verdadera o, por lo menos instantánea, que rozamos con los dedos sin darnos cuenta y, por consecuente, sin gozar de ella.
No pretendo decir que los sueños son inalcanzables y que perdemos el tiempo con ellos, sino todo lo contrario, pienso que cada segundo refleja un sueño de nuestras vidas. Que aunque sea malo o bueno, pertenece a nuestra experiencia.
Quizá esta experiencia sea la que nos lleva a recrear y generar nuevos sueños, que como he dicho, siempre en un principio, creemos inalcanzables pero que con el paso del tiempo, muchos de ellos se acaban logrando.
Por ese motivo, no debemos tener una opinión prejuzgada porque, según mi criterio, con esfuerzo y voluntad todos los sueños se pueden lograr. Y si no es así, es porque el destino nos guarda algo mejor, alguna cosa que nuestras mentes aún no han soñado y, por lo tanto, no hemos deseado.
Por otra parte, para mí los sueños son una válvula de escape quizás ante la realidad. Hay momentos que no estamos satisfechos de nuestros actos y necesitamos evadirnos en un mundo deseado. En estos momentos de frustración, necesitamos buscar un sendero donde haya luz, ¿y qué mejor que el soñar con aquello que deseamos?. Quizás. en este sentido, somos terapeutas de nuestros propios sentimientos y buscamos una solución que nos aísle, durante unos momentos, de nuestra situación real.
¿Será que la realidad nos asusta? Puede que sólo percibamos lo superficial y espontáneo, y no nos damos cuenta que hay algo más en nuestros actos, en nuestras interacciones, en las emociones y en los sentimientos. Algo que está presente y a veces no sabemos valorar, como es la felicidad del momento, del instante, de aquella mirada o aquella palabra que nos hace sonreír o llorar pero de un sentimiento placentero, que a veces es tan corto que lo pasamos por alto.
Son estos momentos, esos pequeños instantes, los sueños que debemos conservar porque en ellos permanece el sabor de la vida. Esta vida, a veces amarga y a veces dulce, pero siempre con un granito de felicidad, añadido por los deseos, deseado a través de los sueños y vividos mediante el inconsciente sujeto al consciente. Éste veloz en su encuentro y por eso pasa por alto el entramado de la felicidad.
Por todo ello, no debemos buscar la felicidad en nuestros sueños, sino en el camino por llegar a nuestros deseos.
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